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HISTORIA DE LAS COMUNICACIONES



LOS
SIMBOLOS

Mucho antes que la escritura, y probablemente antes que las palabras, nacieron los gestos y las señales. El niño, a los pocos meses de vida, se expresa con gestos y ademanes: mueve la cabeza de izquierda a derecha para dar a entender que no quiere una cosa; agita los brazos y mueve la cabeza de arriba abajo para manifestar la alegría o la impaciencia.

Para comunicarnos con los animales, el gesto y las señales son un medio más eficaz que la palabra; pero también en la convivencia humana son un
elemento insustituible y muy utilizado. Muchas veces es instintivo, corno el movimiento del brazo para decir «agáchate» o «levántate», o el rnovirniento del dedo índice de la iriano derecha para indicar desacuerdo. Son clásicos el «pulgar hacia abajo» y el «pulgar hacia arriba» de la época roinana; y en la actualidad, según una costumbre importada de los Estados Unidos, se ha hecho corriente unir el pulgar y el índice en forma de O (okay) para indicar «de acuerdo», «está bien». El dedo índice y el medio levantados de irianera que foririen una V fue un gesto que ininortalizó Winston Churchill, simbolizando la tenaz y victoriosa resistencia del pueblo británico contra los ataques de la Alemania nazi.

En los pueblos orientales los gestos están ligados a un ritual antiquí. sitno y son
extraordinariamente inás complicados; se expresan sobre todo en los bailes, con movimientos de cabeza, brazos, manos y de todo el cuerpo. Nosotros, los occidentales, admiramos su exquisita elegancia, pero no los comprendemos 1 sin embargo, cada uno de estos gestos, incluso el más siniple y elernental y sin importancia para nosotros, tiene para los orientales un significado preciso y concreto.

También los pueblos africanos usan el gesto como medio de comunicación y, sobre todo, en los ritos sagrados adquieren formas solemnes y espectaculares. También en las religiones occidentales los gestos son solemnes, aunque menos espectaculares y complejos.

El apretón de manos tiene un origen antiguo, se utilizaba en la Edad Media para indicar: «estoy desarmado; comprueba tu mismo que tengo intenciones pacíficas».

Es claro el significado de la inclinación, acompañado a veces del acto de doblar la rodilla; es un gesto de humildad y en cierto modo ligado a la relación de la tierra con el cielo. El guiñar el ojo, torcer la boca, agitar el cuerpo, o golpear el suelo con el pie son otras señales de un particular estado de ánimo, más eficaces, claras y convincentes que las mismas palabras.

Un tipo especial de señal es el símbolo. Uno de los símbolos más característicos es la bandera. Todos sabemos que la bandera representa un país:
es su símbolo y su solemne representación. En ella no se ve solamente una señal, una llamada o una advertencia, sino toda la nación en su continuidad histórica y en su civilización. Y a ella están unidas señales universalmente aceptadas: por ejemplo, el izar la bandera, arriarla, poner la bandera a media asta, etc., indican acontecimientos especiales. Sin embargo, la bandera es un sím¬bolo relativamente reciente. Pero existen otros antiquísimos, incluso tanto como el hombre.

La forma de vestir, por ejemplo, está siempre íntimamente unida a la escala de los valores y situaciones sociales : basta recordar en este aspecto el uniforme militar, la toga de los magistrados o el hábito de los religiosos. La forma y color del vestido - ya por sí mismo distintivo - están subrayados y diferenciados (por ejemplo, en el traje militar) por otros símbolos menores: grados, condecoraciones, medallas, por medio de los cuales (aunque sea a través de un lenguaje a veces no tan sencillo) se puede conocer si el individuo es un suboficial, un oficial o un jefe, en qué campañas, ha participado, e incluso su comportamiento en la batalla, su antigüedad, etc.

También las órdenes religiosas adoptan una forma de vestir característica, en la que la escala jerárquica se expresa con símbolos evidentes.

Un tipo especial de símbolo es el que se refiere a las ideologías, que no revelan simples informaciones, sino que expresan un pensarmento o un sistema político, social o religioso. Conocidísimo y amado por todos los cristianos es el símbolo de la cruz, que, tomado de la Pasión y Muerte de jesucristo, se ha convertido en el símbolo de la fe cristiana, de sus doctrinas y enseñanzas. Son también muy conocidos los símbolos de los regímenes político sociales, como el yugo y las cinco flechas de Falange Española; el haz del líctor fascis
ta (tomado de la antigua Roma que representaba el poder consular); la esvástica o cruz gamada (tomada de una simbología de los antiguos pueblos germánicos), que adoptó el partido nazi en Aleinania; la hoz y el martillo de los partidos socialistas, que indica la unión entre las clases más humildes: los campesinos y los obreros. En otro terreno, el águila de la casa de Habsburgo, la flor de lis borbónica y la inedia luna turca son otros tantos símbolos políticosociales, muy famosos y característicos. Una cosa interi nedia entre el símbolo puro y el criptograma era el símbolo del pez entre los antiguos cristianos. Tenía su origen en la palabra griega «IXTUS» que, en efecto, significa pez, y que al descomponerla en siglas daba, en griego, las iniciales de «Jesús Cristo Hijo de Dios Salvador» (Iesus Xristos Teou Uios Soter).

El desarrollo de la civilización y el constante progreso técnico, en vez de disminuir el número y la complejidad de la simbología, han contribuido grande
mente a que aumente. Tanto, que podemos decir que el símbolo va adquiriendo cada vez más amplio margen de importancia en nuestra vida cotidiana. Una prueba de ello son las señales de tráfico, iguales en todo el mundo: círculos, rectángulos, triángulos, cuadrados, etc., encierran una señal esquemática que indica con precisión una advertencia, una llamada, una prohibición, etcétera. Piénsese también en los miles de símbolos de los anuncios de las ciudades: nos invitan, nos recuerdan, nos empujan a comprar, a gastar, a comportarnos de una manera u otra. En este terreno entrarrios ya en el vasto campo de la publicidad, que utiliza todos los medios de la más sutil psicología para convencernos de que compremos cierta clase de productos o utilizemos determinado servicio.

Es indispensable asimismo tener en cuenta un elemento de la simbología de todos los tiempos: el color. En efecto, tanto como la señal gráfica, el color tiene una influencia muy importante en nuestros sentidos. El verde es el color de las plantas y de las flores, se encuentra muy difundido en la naturaleza y nos es familiar y querido: nos inspira tranquilidad y sensación de
seguridad. Por el contrario, el rojo indica sangre, fuego; es un color alarmante, que nos inspira un sentimiento de temor. El azul (el cielo, el mar, un lago) es distensivo. El amarillo no se encuentra muy difundido en la naturaleza y es un color compuesto, difícil, que hiere nuestra percepción, pero sin alarmarnos todavía. El blanco y el negro son diferentes: contrariamente a cuanto algunos creen, no existen en la naturaleza. El negro es la ausencia de color, mientras que el blanco está compuesto por todos los colores del arco iris. Leer palabras escritas en negro sobre un fondo blanco quiere decir solamente «aislar» las lagunas que existen sobre el fondo blanco. El blanco tiende a cubrir, por la fuerza de todos los colores que contiene, las partes que carecen de color (negro), y a su vez, las letras blancas sobre fondo negro tienden a extender sus contornos. Por lo tanto, no es verdad que la alternación de blanco y negro es la mejor solución del problema de la evidencia. Según la experiencia y los estudios realizados en estos últimos años (sobre todo para hacer más claras las señales de tráfico) la combinación mejor parece ser la de las letras blancas sobre fondo de color tenue, como por ejemplo, el azul o amarillo.

Naturalmente la combinación de varios colores llama mucho más la atención que uno solo. Tanto es así que, al recorrer una carretera llena de avisos, se recuerdan con mayor facilidad los imilticolores. Por otra parte, hemos visto ya que existen unos colores que atraen más y otros menos, así como colo
res repulsivos y atractivos, distensivos y excitantes. Sin embargo, colocándolos unos junto a otros se puede multiplicar o disminuir el poder de cada elemento; por eso el anuncio publicitario exige un verdadero estudio de tipo cromático, no sólo para llamar la atención del público, sino, sobre todo, para disponerlo favorablemente.

Con mayor razón, son importantes (y en ciertos casos determinantes) los colores de una marca o de un emblema comercial. Su función es llamar la atención no sólo sobre un nombre, sino sobre el tipo de un producto o de un servicio, etc. Así se han hecho famosas muchas marcas, como la de Michelín, el hombrecillo hecho con neumáticos; la cruz de los productos farmacéuticos Bayer; el león de la Metro Goldwyn Mayer, y otras.