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HISTORIA DE LAS COMUNICACIONES



El PERIODICO

El periódico es uno de los principales medios de comunicación de masas actualmente existentes. Es también el más antiguo y, a pesar de la competencia de la radio y de la televisión (más rápidos y puntuales), permanece como medio fundamental e insustituible. Las investigaciones han confirmado reiteradamente que, incluso con la aparición de la radio y de la televisión, el Periódico ha aumentado su difusión, llegando hasta sectores de público cada vez más amplios y populares.

Es lógico que la noticia oída en la radio estimule la curiosidad y haga brotar el deseo de confirmarla y valorarla a través de la información generalmente más extensa que proporciona el periódico.

La exigencia de conocer lo que sucede, de estar informados de los hechos M día, de «comunicar» con el resto de la humanidad es, ya lo hemos dicho, tan antigua como el hombre mismo. Sería sumamente difícil reconocer, entre los infinitos ejemplares que nos han llegado, el primer tipo de periódico.

Los antiguos rapsodas griegos narraban ya las legendarias hazañas de los héroes en la guerra de Troya: eran, a su manera, cronistas, o, si se prefiere, corresponsales de guerra; por otra parte, mercaderes, viajeros y mensajeros encontraban en las ágoras de las ciudades griegas un público siempre dispuesto a escuchar con interés y, a su vez, a retransmitir fielmente las noticias recibidas.

Sin embargo, el primer y verdadero modelo de periódico se encuentra en Roma, donde cada día se exponían en el foro las acta diurna (literalmente: los hechos del día), verdaderos boletines oficiales de las noticias llegadas a la capital de todo el vasto imperio. Era una cosa parecida al actual Boletín Oficial español y que publicaba, además de las leyes centrales, los decretos y disposiciones tomadas por los procónsules en las diversas provincias, las noticias de movimientos de tropas, las carestías, las enfermedades, etc.: un resumen, en conclusión, de los hechos y de la situación del Imperio.

Las acta diurna desaparecieron en tiempos de Septimio Severo, y desde entonces y durante muchos siglos no hubo posibilidad de tener noticias oficiales, con carácter regular y controladas, de todo lo que ocurría en el mundo. Para cubrir esta laguna y hacer frente a la situación, los mercaderes de diversos países de Europa, y en especial de las riberas del Mediterráneo, enviaron informadores pagados a los puntos más importantes para tener noticias de la marcha del mercado, de la competencia, de cuáles eran las mercancías más solicitadas y de la situación política de la ciudades y de los territorios más interesantes para colocar sus mercancías.

Estas informaciones eran bastante caras; por eso dichos mercaderes acordaron tener un
solo informador para todos y reducir así su coste. Pero, al mismo tiempo, los informadores se organizaron, extendiendo la esfera de sus informaciones y mejorando su servicio con el fin de acaparar mayor número de clientes. Se llegó así, muy pronto, a un coste-ejemplar, o sea un precio fijo para cada carta de información. La idea del coste ejemplar tuvo gran éxito y fue generalmente adoptada.

Contrariamente a lo que se pueda suponer, la introducción de la imprenta no encontró aplicación inmediata en el periódico. El elevado coste de la composición impidió durante cierto tiempo tal procedimiento, de manera que las noticias continuaron escribiéndose a mano hasta los primeros años del siglo XVII.

El primer periódico, en el sentido moderno, impreso y semanal, nació en Stuttgart, en 1609, y se tituló Aviso Relation der Zeitung: su editor fue Johannes Carolus. La hoja tuvo un gran éxito, incluso comercial, de manera que estas «hojas de noticias» se multiplicaron.

Pero, llegado este momento, la atención de los gobernantes se fijó en ellos. Se dieron cuenta muy pronto de que una difusión tan rápida y unánime de las noticias iba a ejercer una profunda influencia en la opinión
pública. El más sencillo comentario de una noticia creaba una corriente de ideas y de opiniones, avivaba discusiones, promovía críticas, a veces elogios, otras polémicas. Había nacido, en resumen, un nuevo y auténtico poder, cuya posibilidad de influir en el público suscitaba temores y preocupaciones. Y fue entonces cuando apareció la censura: toda hoja, para ser puesta en venta, debía tener el imprimatur. La desconfianza respecto al periódico fue general, la única excepción la constituyó Francia, en la época de Richelieu. El gran cardenal no sólo vio con agrado la prensa, sino que incluso creó un periódico oficial, comprendiendo que era mejor dirigir las noticias que intentar sofocarlas. Se fundó así, en 1631, la Gazette de France, dirigida por Théophraste Renaudot, al cual se le concedió transmitir a sus descendientes la dirección y responsabilidad de dicha publicación. Ésta tuvo un extraordinario éxito y gran popularidad en toda Europa, sólo con publicar en inglés, francés, alemán e italiano las noticias «censuradas» en aquellos países.

Por otra parte, el éxito de la Gazette de Leyde fue también muy duradero, tanto que hasta 1814 no cesó de publicarse.
En el siglo XVII comenzaron a aparecer también periódicos especializados y otros de cultura general. Entre ellos fue célebre el francés Journal des Scavans, fundado en 1665 por el erudito Denys de Sallo y que fue imitado en
todos los países de Europa: en Inglaterra por el Philosophical Transactions; en Alemanía por el Acta Eruditorum, que se publicaba en latín para permitir una difusión universal, y en Roma por la Gazzetta Pubblica.

En Inglaterra, la abolición de la censura, en 1695, favoreció extraordinariamente tanto la organización del progreso técnico como la más amplia difusión del periódico. En Londres, en 1702, nació el primer diario del mundo, The Daily Courant, y poco después el Evening Post, primer periódico de la tarde. A partir de 1704 apareció el «artículo de fondo», firmado por grandes escritores y por políticos, como Defoe, Addison, Swift, etc. Su contenido social y político, muchas veces marcadamente polémico respecto al gobierno, al parlamento o a los órganos del poder, tuvo gran importancia en la moderna historia de Inglaterra.

Con la multiplicación de los servicios y la correspondencia entre el interior y el exterior, y por otra parte, ante la exigencia de limitar el coste de los periódicos para hacer frente a la competencia, se produjo muy pronto una crisis financiera, de la cual se aprovecharon los gobiernos para intervenir en esa actividad. No obstante, no fue difícil encontrar dinero publicando anuncios comerciales y personales que aportaban numerario. Desde este mo
mento había nacido el moderno periódico, más bien el diario, el que actualmente compramos todas las mañanas.

La historia del periódico español está prácticamente vinculada a la del periódico oficial, la Gaceta de Madrid, a la sombra del cual España se fue poblando primero de Gacetas y después de Diarios. La Gaceta de Madrid apareció en 1661 y ha ido evolucionando hasta el actual Boletín Oficial del Estado.

Durante el siglo XVIII se cultivó un periodismo afrancesado, imitación de los periódicos científicos y literarios de esta nación; así fue como se publicó el Diario de los literatos (1737 42). En este siglo apareció uno de los más grandes periodistas españoles, Nifo y Cagigal, que fundó varios periódicos, entre los cuales cabe destacar el Diario de Madrid (1758 81) y La Estafeta de Londres (1762). El Diario de Madrid fue el primer diario español y comenzó a publicarse con el título de Diario Noticioso, Curioso erudito y Comercial, Público y Económico. También en 1762 apareció en Barcejona el segundo diario español, el titulado Diario Curioso, y en el año 1792 el Diario de Barcelona, que aún se publica y es, por lo tanto, el periódico de mayor antigüedad de España.

La culminación del afrancesamiento doctrinal, en tiempos de Carlos III, estuvo representado por El Pensador (1762-67) y El Censor (1781-85). El Mercurio Histórico y Político, que a partir del año 1784 recibió el nombre de Mercurio de España, fue la primera publicación
española de política internacional.

A principios del siglo XIX aparecieron los periódicos liberales Semanario Patriótico (1808-1812), de Quintana, y El Espectador Sevillano (1809), de Alberto Lista. Las Cortes de Cádiz, de ideas muy afrancesadas, concedieron la libertad de prensa, a conse
cuencia de la cual se iniciaron las grandes polémicas y luchas periodísticas que desembocaron en la aparición de la prensa partidista.

Durante la reacción absolutista nació El Patriota (1812-1813), y en 1828 El Correo Literario y Mercantil, incondicional de Fernando VII.

En la época del romanticismo, bajo la regencia de María Cristina, aparecieron el Eco del Comercio (1834-49), La Abeja (1834-36) y El Español (1835-38), al que siguió El Correo Nacional (1838-42). Durante la regencia de Espartero apareció El Heraldo (1842-54), órgano de los moderados. En el transcurso del llamado «decenio moderado» la figura más importante del periodismo fue el sacerdote y filósofo Jaime Luciano Balmes, que publicó la revista La civilización, fundó El pensamiento de la Nación y creó y redactó casi él solo La Sociedad.

En los años siguientes aparecieron y desaparecieron gran número de pequeñas publicaciones de partidos, entre las que puede citarse, a título curioso, la progresista y satírica El burro (1845-46)

Pero un gran periódico no existió hasta 1867, en que Eduardo Gasset fundó El Imparcial, de tendencia liberal. A continuación aparecieron en Madrid: ABC (1904), El Sol, La Voz, El Debate, etc. En Barcelona: El Correo Catalán (1875); La Vanguardia (1887), que en 1939 se convirtió en La Vanguardia Española, y El Noticiero Universal (1895) entre otros. Al finalizar la guerra de liberación (1939) aparecieron Ya, católico, y los órganos de Falange Arriba, que antes de la contienda salía como semanario, en Madrid, y Solidaridad Nacional, en Barcelona; además de otros en las principales ciudades de España.