
Las terminaciones nerviosas de los peces y anfibios,
fueron cambiando y estructurándose en
módulos, que dieron origen al primer
cerebro, EL CEREBRO REPTILIANO, encargado de
los instintos básicos de la supervivencia,
respuestas tipo “pelea o huye “,
el deseo sexual y la búsqueda de comida.
Estas respuestas básicas son automáticas,
rígidas e inconscientes.
Los reptiles fueron la base para la formación
de un organismo y un cerebro mucho más
complejo, el de los mamíferos. La evolución
dotó a este cerebro de un sistema básico
de memoria que permitió a los individuos
reaccionar selectivamente, a un espectro más
amplio de estímulos. Así nació
el CEREBRO DE MAMÍFERO o sistema límbico,
o cerebro emocional, o cerebro medio, centro
de las EMOCIONES, en el que hace su aparición
la función del APRENDIZAJE.
Los
cerebros de los mamíferos que habían
de evolucionar hacia la especie humana, desarrollaron
una corteza cerebral cada vez mayor, que llevo
al desarrollo del CEREBRO HUMANO, los humanos
pertenecemos a la línea de mamíferos
denominados primates. Estamos muy emparentados
con los animales que nos preceden aunque nos
cueste admitirlo. Las áreas que más
se expandieron en nuestra corteza y que nos
dan una frente muy característica, es
la de los lóbulos prefrontales.
Cada
nuevo cerebro creció por encima de su
predecesor, de lo que se desprende que la evolución,
cada vez que conseguía producir un cerebro
de mayor capacidad, no eliminaba al anterior.
Por el contrario, lo mantenía con sus
funciones, para que se dedicara a las tareas
en las que se había especializado.
